Cada día es un regalo

dimarts, 22 de maig de 2012


Aquel verano en el que nos comíamos los labios antes de la cena, después, y antes del desayuno. Y sabías a café, a amor, a mar, a todo lo bonito que es esta vida. Nosotros ardiendo entre cuatro paredes blancas. Tumbados en el césped admirando como el mar gris se junta con el cielo gris y forman un nuevo universo. Descubriendo nuevos lugares que besar, nuevos sueños, y callejeando de tu mano sintiendo que todo es nuevo sólo porque estás a mi lado. Porque eres tú. Mirando al techo en un motel de carretera, después de caminar hasta agotarnos. Sin velas, sin vino, pero con amor del bueno. Algunos días te escogía fragmentos al azar y te los leía entonando, como si fuera poeta. En ocasiones te hablaba de flores, de que me encantaba ponerlas en un jarrón y dedicarme a observarlas. En otras, inventaba un cuento en el que el corazón ganaba y se hacía enorme. Solíamos planear viajes improvisados. En los que yo despertaba entre tus brazos y tú me hacías el desayuno con la única intención de quitarme el mal humor de las mañanas. En los que los dos nos dormíamos agotados de conquistar cada acera y cada cielo. A veces incluso rompíamos los relojes. Y aunque una noche de cada tres quisiera matarte por tus tonterías, sabías como arreglarlo a la mañana siguiente con abrazos. Lady carrusel y lord incomprensible, a veces conquistando el mundo, a veces destruyéndolo, pero juntos. Siempre juntos.

1 comentari:

  1. fantàstic! molt bonic... sensacions meravelloses transmet aquesta entrada

    ResponElimina